miércoles, 28 de septiembre de 2011

Leonel Robles


Río subterráneo


 
Vaga por la ciudad

por las calles de la ciudad

por los espejismos de la ciudad.

Escucha gritos,

                        esquiva coches,

se esconde de la tarde,

finge escribir la luz

en la cúpula de una iglesia

y apuesta su futuro

                          en el vaso de ron

que está al alcance de sus manos.

Se da tiempo de intercambiar algunas sombras

que lo asaltan en cada esquina

 (delirium tremens, lo llaman algunos).

No le da  importancia al frío

                        casi azul de la madrugada.

Cuando siente cansado el luminoso oscuro de la noche

se despide de sí mismo

                                   con un temblor en los labios

y el nombre de la mujer que lo espera.